El «riesgo» como dispositivo de control en la migración post-fordista

La cultura del riesgo es una de las características que la sociología ha identificado en las sociedades post-modernas. “La sociedad del riesgo” de Ulrich Beck (2006) estudia cómo el concepto de ‘riesgo’ se vuelve ubicuo para dar una explicación a los problemas que recorren las sociedades de la modernidad tardía. Este paradigma nos parece fundamental para caracterizar al migrante dentro de la sociedad post-fordista como sujeto que está atravesado por el concepto de “riesgo”, en tanto las políticas públicas concentran un gran esfuerzo de recursos en controlar este movimiento, al menos hasta los inicios de la Gran Recesión. A diferencia de la cuadrícula sociológica hegemónica, que sigue las directrices teóricas de Beck (2006), este apartado busca teorizar el concepto de riesgo desde un enfoque crítico y desde una perspectiva teórica (post)operaísta. Esta última corriente sostiene que las diferencias de clase también atraviesan el concepto de riesgo; y, éste está inscrito en el campo teórico de las racionalidades de gobierno (Gómez Villar, 2014). Mientras Beck (2006) afirmaría que la sociedad del riesgo es lo mismo que la modernidad tardía, esto es, una característica intrínseca a ella; la corriente (post)operaista nos dice que hablar de “la sociedad del riesgo” supone referirse a una sociedad gobernada a través del riesgo en tanto dispositivo (Gómez Villar, 2014). Es decir, el riesgo no es un hecho social inmodificable o imposible de gestionar políticamente ante el desborde de determinadas situaciones de la post-modernidad, sino que el riesgo está constituido políticamente como forma de racionalidad que pretende objetivar los eventos con el fin de hacerlos gobernables (Gómez Villar, 2014). Así, no cabe entender el riesgo como una noción neutra ni su gestión como una tecnología meramente objetiva, nos advierte Brandariz (2014). El riesgo y su activación en clave de control social son construcciones colectivas. En consecuencia, el diseño del control penal, en tanto administración de riesgos, responde a elecciones y racionalidades netamente políticas (Brandariz, 2014).

El concepto de “riesgo” está hoy en día forjado como particularidad inmanente al movimiento migratorio no-comunitario. La gobernabilidad del migrante, y su verbalización como sujeto peligroso, se ve reflejada en las estrategias de prevención a nivel europeo. Schengen es un dispositivo que adopta una racionalidad gubernamental de corte restrictivo en los países europeos para hacer frente al fenómeno migratorio. Schengen es, además, una forma particular de control social, el cual opera mediante los flujos imperceptibles de la información, del fichaje en masa de sujetos. En palabras de De Giorgi (2005):

“Es control de los movimientos de poblaciones enteras en éxodo, control de la relación cuerpo-territorio: es “gobernabilidad”. Son las poblaciones, y no los individuos, las que son objeto de control. La gobernabilidad y el control biopolítico se institucionalizan en el dispositivo Schengen”.[1]

La filosofía en las estrategias de prevención que se expresa en las disposiciones de Schengen es la de control y restricción de las libertades fundamentada en la representación de los inmigrantes como sujetos portadores de una peligrosidad ontológica. El estatuto jurídico del inmigrante no-comunitario es clasificado en la peligrosidad social, por lo que: “El inmigrante no comete delitos: él mismo se convierte en un delito” (De Giorgi, 2005). Esta categoría de sujetos de “riesgo” que gobierna la vida de los migrantes, como decíamos, está atravesada por las diferencias de clase. La línea divisoria que permite cruzar la ilegalidad a la legalidad es una condición puramente económica. Es decir, Schengen requiere al migrante la necesidad de estar pertrecho de los medios suficientes de subsistencia para ser admitido y no ser devuelto a la frontera. Esta filosofía presupone que la carencia de medios económicos aumenta la probabilidad de que el migrante delinca para poder subsistir y que, por lo tanto, un ciudadano europeo pobre es menos peligroso que un migrante no-comunitario (De Giorgi, 2005).

Desde un punto de vista criminológico, el hecho de que el migrante sea deportado cuando todavía no ha entrado en el territorio –las mal nombradas “devoluciones en caliente”– o el hecho de que sea expulsado una vez está dentro, significa que las políticas de control tienen el objetivo de reprimir y excluir todo aquello que produce riesgo o es entendido como peligroso, independientemente de la comisión de un delito. Esto nos llevaría a analizar la racionalidad de gestión de riesgos que caracterizan las políticas de control migratorio actualmente: lo que ha sido denominado como el actuarialismo penal o la Nueva Penología (Brandariz, 2014).

[1] De Giorgi (2005): Tolerancia Zero; pág. 93. Editorial Virus, Colección Ensayo.

Referencias:

– Brandariz, J. A. (2014): La difusión de lógicas actuariales y gerenciales en las políticas punitivas. InDret 2/2014.

– Gómez Villar, A. (2014). Hacia una conceptualización filosófica del postfordismo y la precariedad: elementos de teoría y método (post)operaista.